jueves 12 de agosto de 2010

La verdad

Bueno, primero que nada. Ahora vuelve a contar Aneliz. La última vez que a ella le tocó narrar fue... humm... en Julio si no me equivoco. El capítulo se llama: Eso es quedarse corto.
Con tanto que ha hablado Dayas, seguramente habrán olvidado en dónde se quedó Aneliz.
Nada más quisiera volver a pedir una cosa ¿Podrían recomendar mi blog? jejejejeje Me estoy proponiendo llegar a los 15 seguidores. =D


Dayas se levantó y abrió la puerta, dejando pasar a la familia Cullen. Todos me sonrieron con un afecto que en realidad no lo merecía.

-Aneliz, deja de culparte a ti misma.- me dijo Edward al leer mis pensamientos.

-No hay nada de qué preocuparse.- siguió Bella.

No pude evitar dibujar una pequeña sonrisa.

-Gracias, pero sí es mi culpa.

Me volví hacia Dayas que parecía estar más nervioso de lo normal. Lo miré confundida. Edward y Dayas intercambiaron una mirada significativa.

-No es tú culpa, Aneliz. Tú eres completamente inocente.- susurró Dayas.

Me sonrió, pero sin que la felicidad llegara a sus ojos. Negué con la cabeza.

-Claro que lo es.

-No creerás eso cuando sepas lo que pasó después.- continuó con la cabeza baja.

Lo tomé de la mano.

-¿De qué hablas?- pregunté incrédula.

Dayas respiró hondo y me encaró. Parecía avergonzado, arrepentido. Tomó mi otra mano con delicadeza.

-Aneliz, todo, absolutamente todo fue mi culpa.

Me dispuse a negarme, pero él reaccionó antes.

-Antes de contradecirme, por favor, escúchame. Me siento egoísta, con solo ver tu cara... Pero estoy seguro de que hice lo correcto.- empezó con seriedad.

Negué con la cabeza.

-¿De qué hablas?- volví a preguntar confundida.

-Aneliz, cuando te desmayaste fui por Violett, quería destruir a Cristian... Ayudar... entonces, cuando los encontré tuvimos la oportunidad de destruirlo, pero él... dijo que tú morirías. Que era el único que podía salvarte. Le creí...

Negué con la cabeza, aterrada.

-Me llevó a su despacho y sacó el antídoto. No se negó, ni se retuvo, pero sí hicimos un trato...

-¿Cuál?- pregunté intrigada y a la vez aterrada.

-Dijo que me daría el antídoto, a cambio de su brazalete, con el cual terminaría con la vida de todos. Fui un egoísta... pero la sola idea de perderte- su voz fue apagada.- no lo soportaría.

Lo miré con dulzura.

-Dayas...- susurré conmovida.

Acaricié su mejilla. Él sonrió, pero aún sin felicidad.

-Pero no hemos terminado allí.- dijo Emmett.

Me volví. Todos nos miraban con seriedad.

-Cristian parecía querer retractarse al ver el dolor de Dayas. Lo leí en su mente. Quisimos darle una oportunidad, pero Violett no quiso aceptarlo.- siguió Edward.

-Se abalanzó sobre Cristian y pronunció unas palabras en un idioma extraño, antiguo...- dijo Bella.

Todos tenían el terror dibujado en el rostro. Con sólo imaginármelo... estaba segura que mi rostro mostraba el mismo terror.

-Significaba: Que la magia negra y la blanca se junten en una sola para castigar a aquel que ha maltratado al prójimo con sus mentiras.
Que su poder desaparezca, que su alma deje su cuerpo, que su espíritu caiga en la más recóndita de las dimensiones.
Sin rastro, sin huella, que nadie lo busque. Sólo él, con su propio perdón, viendo sus errores, podrá salvarse y así volver con aquella que lo esperaba.- continuó Edward.

Los miré incrédula.

-Si no hubiera sido por Edward, que lee mentes.- dijo Jasper dándole unas cariños palmadas en la espalda.- Nunca hubiéramos sabido su significado. Al parecer ese idioma no existe en esta dimensión. Viene de una lejana. No sabemos cómo lo aprendió Violett, pero era un conjuro. Provocó que Cristian desapareciera, pero sus efectos no fueron favorecedores para ella, pues cayó desmayada.... o...

No tenía que mencionarlo para saber a lo que se refería. Aún así, yo tenía parte de la culpa, aunque Dayas se hubiera confesado, aunque Violett se hubiera abalanzado sobre Cristian por voluntad propia.

-No intentes buscar razones de culparte, Aneliz.- me regañó Edward.

-Pero...

-Nada de peros, señorita. Te voy a traer algo de desayunar.- dijo Esme con aquel cariño maternal que tanto me gustaba.

-Gracias- susurré.

Aún así, estaba preocupada. Quería y debía ver a Violett.

Edward negó con la cabeza.

-No estás en condiciones de levantarte. Mejor tranquilízate, no hay nada de qué preocuparse.- me consoló Edward.

-¡Claro que no hay nada de qué preocuparse!- dijo Emmett.- Este mosntruito a veces se equivoca.

Tomó a la delicada Alice y le revolvió el cabello.

-Eso espero- dijo Alice en voz baja.

Esme me volvió a abrazar y salió de la habitación, seguida de Alice y Jasper con la promesa de que volverían para platicar un rato. Emmett y Rosalie se dispusieron a salir.

-Bueno, nostros teníamos algo que hacer, pero no hay nada mejor que molestar al avatar.- dijo con una sonrisa jueguetona.

Reí.

-Nos veremos luego, muchas gracias por todo.- agradecí.

Rosalie asintió mostrando una mueca de disgusto. Me daba la sensación de que nunca le había caído bien.


lunes 2 de agosto de 2010

Lo peor de todo (último de Dayas)

Sí, una semana tediosa desde nuestro regreso a la tierra, a la dimensión de los humanos.
Durante el regreso, lo único que nos refrenaba, lo que nos obligaba a posponer la pelea que se desencadenaría pronto, era traer a nuestras almas gemelas en brazos. No soportaba la idea de ver a Aneliz sufrir cuando despertara ¿Qué pensaría cuando se enterara de que Seth y yo peleamos? A pesar de que me doliera, ella lo quería mucho. Tanto como para llamarlo hermano. Aquello me repugnaba después de lo que Seth había dicho sobre ella. Lo odiaba de tal forma... nunca había odiado a nadie de esa manera.
Por su lado, él no quitaba la vista de la inconciente Violett. Parecía encimismado en sus pensamientos. No me dirigió ninguna mirada de odio. Pero observarlos fue un tormento para mí. Por mi culpa Violett estaba en aquel estado de inconciencia, sino es que muerta. Aquella idea me ocasionaba escalofríos.

Cuando llegamos a la casa de los Cullen, no volví a ver a Seth en dos días. A Aneliz le sedieron la habitación que parecía ser la de Rosalie y Emmett. La acompañé todo el tiempo que pude, sin moverme de su lado. Ella seguía sin despertar ¿No se consumía lentamente? Aquella idea me aterraba, pero Edward me consolaba diciéndome que podía leer sus pensamientos. Sentí tal emoción. Por lo menos sabía que ella aún vivía y mis esperanzas de que despertara aumentaban cada vez que respiraba. Me daba la sensación de que ella sentía mi presencia. Cada vez que tomaba su mano sentía un cosquilleo agradable, incluso parecía que ella sonreía.

Fue entonces cuando al tercer día Seth volvió a aparecer. Saludó fugazmente a todos, dedicándome a mí una mirada cargada de odio. Ambos intentamos comportarnos, pero no era posible. Cada movimiento que hacía, Seth me miraba con suspicacia. Cada palabra que él pronunciaba yo la sentía como una ofensa.
En la tarde fue cuando todo salió de control... aún cuando terminó todo no podía creer que hubiera pasado.

Seth subió al segundo piso, sin poder evitarlo lo seguí sigilosamente. Pasó de largo las primeras dos puertas hasta pararse enfrente del cuarto en el que reposaba Aneliz. Abrió la puerta lentamente y se adentró. Me acerqué y miré por la apertura de la puerta. Seth se acercó sigilosamente, hasta quedar a solo unos pasos de Aneliz. Sacó algo que destelló en la oscuridad. Me di cuenta de que era la hoja de cuchillo más filosa que había visto. Sin pensarlo dos veces corrí hacia él con todas las fuerzas que tenía hasta tumbarlo e inmovilizarlo. Le quité el cuchillo de la mano y lo lancé fuera de la casa, provocando que se rompiera la ventana en mil pedacitos. Los ojos de Seth destellaron levemente, mostrando su disgusto. Ambos empezamos a forcejear. Íbamos empatados en realidad, me prometí a mí mismo que si Aneliz despertaba nunca le contaría sobre esto. Giramos sobre nostros mismos. Chocamos con un estante de libros, que al moverse dejó caer unos cuantos libros que nos dejaron aturdidos por un momento. Seth fue el primero en reaccionar. Tomó un pedazo de vidrio, que casualmente ~y a mi mala suerte~ por el impacto había llegado hasta allá. Lo alzó y con un movimiento limpio, me dio de llano en el brazo. Gemí de dolor, pero lo paré antes de que pudiera atacarme nuevamente.

-Seth- intenté tranquilzarlo.

Ambos respirábamos entrecortadamente.

-No hagas esto, por favor. Hazlo por Violett.- susurré con el último aliento que me quedaba.

Sentí la sangre brotar de mi antebrazo derecho. Parecía profunda. Mirá a Seth con súplica, que empezaba a reflejar la duda en su rostro.

En ese momento la puerta se abrió de golpe y los Cullen entraron. Tomaron a Seth, que empezó a forecejear mirando a Aneliz. Me dispuse a atacarlo nuevamente a pesar de que el brazo no me respondía. Sentí cómo Bella me tomaba del hombro. Me volví enfurruñado. Ella negó con la cabeza. Suspiré resignado, intetando parar aquellas ansias de destruirlo. Pronto lo sacaron de la habitación, dejándonos a Edward y a mí solos. Bella fue la última en salir, cerrando la puerta tras sí.

Empecé a caminar impaciente, ahora no podría separarme de Aneliz ni un sólo segundo más. Tenía que cuidarla, protegerla... o Seth volvería y... Tenía ganas de gritar. De romper algo.

-Calma, Dayas.- dijo Edward.

Lo fulminé con la mirada.

-No habrá necesidad de que cuides a Aneliz tan intensivamente. Seth no podrá entrar durante el tiempo de su estancia.- susurró Edward contrariado.

Me sentí más culpable de lo que ya me sentía. Miré a Aneliz, no pude evitar dibujar una pequeña sonrisa cuando vi su angelical rostro.

-Lo siento, Edward. Este lo siento es para todos. Actué como un tonto allá. No debí poner en peligro a nadie... es sólo que...- suspiré volviéndome a él.

Edward asintió lentamente.

-Lo sé, y no te culpo. En realidad nadie aquí te culpa.- contestó.

Lo miré con el seño fruncido.

-Bueno, Seth...- dijo incómodo.

-Lo siento.- repetí.

Él asintió sonriendo.

-Ninguno de los dos son culpables ¿Entendido? Nosotros nos metimos en una pelea que no era nuestra... afrontamos las consecuencias.- contestó Edward encogiéndose de hombros.

-Gracias- susurré viendo a Aneliz.

Si tan sólo ella despertar... No podía evitar pensar en su esencia, en su vitalidad y sobre todo en esos cautivadores ojos. La extrañaba, en realidad, extrañaba todo en ella. Incluso esa encantadora sonrisa que aparecía en el momento exacto. Ella era mi existencia, y entendía, a pesar de no querer aceptarlo, cómo se sentía Seth. Él amaba a Violett, era su impronta y yo me había encargado de... de... no podía pronunciar la palabra. Sólo esperaba que todo se mejorarar...

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Pasa por mi nuevo blog:
http://3namorami3nt0anelizdayas.blogspot.com/

domingo 1 de agosto de 2010

¿Por qué tiene que ser así?

Bueno, primero que nada, vuelvo a dejar el link del nuevo blog:
http://3namorami3nt0anelizdayas.blogspot.com/
¡Les ruego pasen a verlo!
Por lo demás, espero que disfruten el capítulo ;)



-Confiaré en ti.- susurró Edward.

Todos en la habitación mirábamos a ambos confundidos ¿Qué era lo que tramaban?

-¿Edward? ¿Qué significa todo esto?- preguntó Violett molesta.

-Violett, él promete camibar todo. Promete intentar cambiar...- susurró Dayas.

Ambos intercambiaron una mirada fría.

-¡No!- gritó Violett.- ¡Él es un traidor y siempre lo será!

Me percaté de que no era el único que los miraba desconcertado ¿Una oportunidad? ¿A Cristian?
En ese momento todo pasó tan rápdio, Violett corrió y se abalanzó sobre Cristian, que sin perder oportunidad se soltó de las cadenas y le arrancó el brazalete de la mano a Violett. Ésta chilló de dolor e incluso antes de que pudiéramos reaccionar, Violett pronunció unas palabras inentendibles con una fluidez una voz tan monótona que mi piel se erizó. En ese momento un resplandor cegador llenó la habitación, nublándonos la vista a todos, seguido de un grito desgarrador y un gruñido.
El resplandor terminó, pero ya no había señal de Cristian. Violett reposaba inerte en el piso, con el brazalete hecho polvo en las manos y una sonrisa de suficiencia en el rostro. Uno de los lobos se convirtió en hombre, y sin importarle nada mas que Violett, se inclinó ante ella y le besó la frente, pero Violett no reaccionó. Mi corazón se paró por un momento ¿Estaba muerta? Me acerqué lentamente, pero el muchacho gruñó, obligándome a retroceder. Miré la escena espectante. Violett seguía sin reaccionar. La duda seguía asaltándonos a todos ¿Estaría viva? Me sentí impotente al no poder ayudar. Tomé a Aneliz en brazos y besé su frente también, ella sonrió levemente. Acaricié su mejilla para luego voltear a ver a Violett y al joven ¿Cómo...

-Se llama Seth.- contestó Edward a mi pregunta.

-Claro, gracias.- susurré sin poder quitar la vista de ellos.

Pasaron minutos sin que ninguno de los presentes se moviera... la duda seguía ahí, me invadían un miedo y una impotencia enormes. No podía soportar la idea de que por mi culpa Violett estuviera muerta. Dejé a Aneliz en el piso con suavidad.

-¿Violett?- susurró Seth.

Nadie contestó. Violett ni si quiera se inmutó. Escuché el silencioso sollozo de Seth, seguido de un aullido aterrador. Los lobos lloraban con él, parecían apreciarla mucho, en especial Seth. Éste se volteó lentamente escrutándonos a cada uno con la mirada, hasta posarla en mí con una frialdad escalofriante. Lo miré con arrepentimiento, él bufó y me fulminó con la mirada.

-Será mejor que nos vayamos.- dijo Bella.

Todos asentimos, excepto Seth, que miraba nuevamente a Violett.

-¡Esto es su culpa!- gritó encolerizado.

-¿De qué hablas?- contesté a la defensiva.

-Si Aneliz no la hubiera traído, nada de esto hubiera pasado.- contestó con la voz entrecortada.

-Espera, en ese no estoy nada de acuerdo. Eso no tiene nada que ver...- dije molesto.

No tenía derecho de culpar a Aneliz. El único culpable aquí era yo.

-Lamento haber creído en Cristian. Lamento haber puesto en peligro a todos... no tenían por qué... pero te lo ruego Seth. No culpes a Aneliz.- le supliqué intentando suavizar la situación.

-¡Mugre!- gritó.

Eso me sacó de mis casillas. Perdí los estribos al instante ¿Cómo se atrevía a llamar a Aneliz de esa forma? Me dispuse a atacar, pero Jasper y Edward me tomaron por los brazos. Forcejé.

-¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Es tu amiga! ¡¿Recuerdas?!- le grité.

-¡Pues ya no más! ¡Es culpa de ella que todo haya pasado!- contestó volviéndose hacia mí con brusquedad.

Emmett lo tomó de los brazos.

-¡SUÉLTEME!- grité encolerizado.

Quería destruirlo, hacerlo pedacitos. Convertirlo en nada... como fuera.

-¡Dayas! ¡Él no sabe lo que dice! ¡Ni si quiera tú sabes lo que piensas!- me tranquilizó Edward.

Lo fulminé con la mirada.

-¡Claro que sé! ¡Es más, son pura basura ustedes dos!- contestó Seth.

-¡Seth! Eso estuvo fuera de lugar...- dijo Carlisle.

-¡Lo tienen bien merecido!- contestó Seth.

-¡¿QUÉ?!- grité.- ¡PENSÉ QUE QUERÍAS A ANELIZ! ¡LA LLAMAS HERMANA!

-Eso era antes de que cometiera tal tontería.- contestó fríamente.

-Estás loco, más que loco. Edward tiene razón, no sabes lo que dices...

Ambos nos soltamos a gritar más fuerte. Cada palabra se enredeaba una con otra. Chocaban, colisionaban y se volvían en un estruendo imparable. Me sentía verdaderamente ofendido ¿Cómo se le ocurría culpar a Aneliz? Ella no tenía nada de culpa ¡YO ERA EL CULPABLE! ¿Qué tenía que hacer para que se dieran cuenta?

-¡CÁLLENSE YA!- gritó Bella.

Ambos paramos de golpe algo sobresaltados. Había sido fuerte.

-Antes de que quieran seguir con su pelea, debemos salir de aquí ¿Entendido?- ordenó Bella con seriedad.

Ambos asentimos con desgana. Nos fulminamos con la mirada un momento más para luego tomar a nuestras respectivas parejas en brazos e ignorarnos mutuamente.

martes 27 de julio de 2010

Negociaciones

Bueno, les dejo la siguiente parte jejeje y por si no sirvió mucho el link que dejé en los comentarios del capítulo pasado, lo pongo aquí:
http://3namorami3nt0anelizdayas.blogspot.com/
jajajaja el nombre es algo tonto, pero espero que la historia en realidad les interese ;)


-¡Sé que lo prometí!- dije exasperado.

Éste era el punto crucial ¿Debía dárselo o no? A pesar de que podía parecer el ser más repugnante y más malvado de todos ¿Por qué me había dado la posión correcta si bien, pudo haberme dado más veneno? Estaba metido en un gran dilema.
En ese momento Aneliz empezó a respirar acompasadamente. Me acerqué y tomé su mano. Carlisle la colocó en el piso.

-Gracias- susurré.

Carlisle asintió lentamente con una sonrisa en el rostro y se levantó.

Miré a Aneliz esperando su reacción, esperando a que volviera conmigo. Me sentía más que egoísta, me sentía muy mal. Quizás había salvado a Aneliz, pero había puesto en un grave peligro al resto del mundo.

A pesar de todo, la vi embelezado, sólo ella me podía hacer sentir bien de la forma más maravillosa. Todo en ella me aportaba tranquilidad. Aquella vitalidad y decisión para hacer las cosas eran lo que más admiraba de ella. Incluso después de eso había una interminable lista de cosas maravillosas sobre ella. Lo que más me atraía eran esos hermosos ojos que cambiaban de color y que infundía confianza con una sola mirada. Aquellas pestañas, que le daban un aspecto risueño. Me sentí turbado.

-Si despierta, no recordará nada.- dijo Cristian desde el otro lado de la habitación, con un atisvo de emoción en la voz.

Me volví hacia él.

-Gracias, Cristian. No sé qué hubiera hecho sin esa posión.- susurré avergonzado por haberme portado mal con él.

En ese momento Aneliz susurró algo. Me volví algo sobresaltado y con el corazón acelerado, dándome cuenta de que Carlisle ya había curado su herida. Miré uno a uno agradecido. Todos mostraron su afecto con una sonrisa, todos excepto Violett que tenía una mirada iracunda hacia Cristian.

-¿Qué pretendes hacer?- me preguntó Bella colocando su fría mano sobre mi hombro.

Me volví hacia ella avergonzado.

Tenía la idea de que Cristian en realidad era bueno. Quizás muy en el fondo tenía aquella bondad, pero la tenía y quizás la podíamos sacar a luz. Me di cuenta de que Edward asentía levemente. Intenté sonreír, pero no podía, no tenía sentido si Aneliz no estaba sana y salva. No me sentía capaz de sentir algo que ella no pudiera aún.

-Cristian ¿Qué te hizo así?- preguntó Edward fríamente.

No me atreví a mirar hacia su dirección. Apreté la mano de Aneliz.

-Yo...- escuché su suspiro.- No estoy seguro... en realidad.- escuché otro suspiro.- No debí hacer todos esos males, pero saben ¡El poder es controlador!

Aquello me hizo sorprenderme. Parecía tan sincero.

-Dayas- me susurró Bella al oído.- ella estará bien.

Asentí lentamente.

-Gracias, Bella.

Ella rió y soltó mi hombro.

-No mientas Cristian, diles a todos la verdad.- dijo Edward.

La palabra de Edward era la definitiva. Él era capaz de leerle los pensamientos, sabía cuando decía la verdad y cuando no.

Hubo un silencio sepulcral.

-Yo no tengo nada que decir.- susurró Cristian.

-Si tu no dices nada, lo diré yo.- lo amenazó Edward.

-Adelante...- lo desafió.- ¡Yo lo único que quiero es mi recompensa! ¡Le di la posión correcta!

-Edward...- intenté tranquilizarlo.

-No Dayas... él miente. Nos quiere convencer... pero a mí no me engaña- me interrumpió exasperado.

Guardé silencio. Era cierto, a él nadie lo engañaba con ese poder extraordinario.

-Quizás una.- contestó a un pensamiento que se había formulado en alguna de las mentes presentes.

Me volví por primera vez confundido ¿De qué hablaba?

-Cierto...- susurró.

Ahora más que confundido estaba algo desconcertado... no entendía nada.

-Sólo una.- dijo Cristian en voz alta.

domingo 25 de julio de 2010

¡Aviso! (También capítulo)

Primero que nada... abriré otro blog ;) Quería ver cómo sería si Dayas y Aneliz se conocieran, pero no porque Dayas es su protector y Aneliz tiene poderes. Quiero que sea normal, sin poderes... algo real. Los personajes se llaman de una forma diferente, pero estoy segura que les verán algún parecido, son: Any y Danny. Les ruego que se pasen, por lo menos para ver si les interesa la historia. Si no, no hay de qué preocuparse. Aún no tengo seguidoras... jajaja y como toda escritora, quisiera tenerlas ;) Bueno, muchas gracias por todo.

Caminamos un buen rato. Al principio pensé que habíamos quedado completamente perdidos, pero luego, Cristian se dirigió a una puerta que por su aspecto, parecía cerrada con seguro. Le otorgué libertad por un momento para que pudiera abrir la puerta, aunque me desesperé rápidamente, pues Cristian parecía más interesado en sus pensamientos que en la cerradura de la puerta. Cuando abrió, quedé completamente anonadado. Las paredes no se podían ver con tantos estantes llenos de frascos con líquidos de un color asqueroso. Sentí náuseas, pero Cristian no se detuvo y empezó a buscar. Tomó uno de entre los demás, que parecía inofensivo. Tenía un color verde, como la sopa de verduras. Miré a Cristian por un momento, éste sonrió con malicia y extendió su brazo para que tomara el frasco, pero lo rechacé.

-Primero quiero ver que sea la correcta.- dijo fríamente.

Cristian rió.

Aquello me hizo estar fuera de mí más que antes. Lo tomé del cuello.

-No hay trato si no es la correcta...- susurré amenazante.

Cristian calló al instante, pero con una sonrisa petulante. Lo dejé caer al piso.

-Tranquilo muchacho. Aún le queda un día de vida a tu "enamorada". No entiendo qué le ves. Todas son iguales, terminan traicionándote...- dijo Cristian.

Lo fulminé con la mirada tomándolo del hombro y jalándolo hacia fuera. Caminamos otro largo rato, hasta llegar a la misma habitación donde había visto a Violett por última vez. Fue ahí cuando entramos y vimos a todos los Cullen al lado de los lobos lastimados. Sólo Carlilse tenía a Aneliz en brazos, que dormitaba con una expresión cargada de sufrimiento. Me acerqué al instante.

-Lo siento tanto.- susurré.

-No tienes de qué preocuparte, Dayas. Te entiendo perfectamente.- dijo Edward por detrás de mí.

Asentí lentamente. Si algo pasaba, ya fuera a Aneliz o a los demás... era mi culpa. Jalé a Cristian que abrió la boca de Aneliz y vació el frasco. Aneliz al principio no reacción, pero luego empezó a convulcionarse. Me alarmé ¡Seguramente esto había sido una trampa!

-No, Dayas. Si hubiera sido una trampa te lo hubiera dicho.- dijo Edward contestando a mis pensamientos.

Aquello me tranquilizó sobremanera. Cristian ahogó una risita, pero al ver mi expresión calló nuevamente. Fue entonces cuando Aneliz se quedó quieta. No se movía más. Esperé paseando de un lado a otro, mientras Edward encadenaba a Cristian.

-¡Un trato es un trato! ¡Quiero lo prometido!- gritó Cristian.


lunes 12 de julio de 2010

La pelea, segunda parte (Dayas cuenta)

Bueno, muchas gracias por los comentarios jejejeje Me inspiran a seguir ;) Les vuelvo a pedir ¿Pueden recomendar el blog, por favor? jeje. Bueno, espero difruten el capítulo.



Había dos bultos gigantes tendidos en el piso. Uno de ellos sangraba, mientras que a pocos metros de ellos había un abismo gigante. Del otro lado del abismo estaban Violett y Cristian. Violett esquivando los aces de luz de Cristian. Me adentré en la habitación, de entre las sombras salieron varios lobos encadenados, iguales a los bultos en el piso. Sentí una rabia incontrolable brotar de mi pecho. Eso era salvajismo puro. Ninguno de esos lobos merecía estar así. Me volví hacia Cristian, que acorralaba a Violett. Ésta respiraba entrecortadamente, pero no mostraba signo alguno de miedo. Decidí ayudar.
Di unos pasos para atrás, para tomar vuelo. Empecé a correr y salté el abismo, cayendo parado del otro lado. Violett y Cristian se volvieron hacia mí.

-¡Oh, pero si es Dayas!- dijo Cristian con una malicia propia de un villano.-¡El queridísimo novio de Aneliz! Llegas justo a tiempo para ver cómo mueren tus amigos.

-Ni lo pienses.- susurré amenazante.

Cristian rió a carcajadas.

-¿Cómo piensas vencerme? Tengo los poderes más oscuros en este brazalete. Puedo hacerte sufrir si quiero...

En ese momento todo pasó con rapidez. Me sentí algo aturdido.
Violett se abalanzó sobre Cristian y lo empezó a golpear, susurrándole algo en el oído. Cristian, como si estuviera poseído, levantó su mano al alcance de Violett. Ésta tomó el brazalete y se lo colocó en la muñeca al incorporarse. Se empezó a acercar a mí, dejando a Cristian helado en el piso.

-¿Cómo lo hiciste?- le pregunté maravillado.

Una sonrisa de suficiencia se dibujó en su rostro.

-Eres una...- dijo Cristian de repente, saliendo de su trance.

Sacó un cuchillo de su bolsillo.

-Eso sí que no.- grité abalanzándome sobre él.

Detuve el cuchillo que estuvo a punto de clavarse en mi pecho. Forcejé con él, volviendo el cuchillo en su contra. Cristian rió.

-Aneliz no sobrevivirá ¿Sabes?- dijo con malicia.- Sólo yo sé la cura.

Eso me detuvo en seco. Recordé el veneno que consumía a Aneliz a cada momento.

-Dayas, no le hagas caso, hay muchas formas de curarla.- gritó Violett en un arranque de desesperación.

Miré a Violett.

-Violett, querida, tú bien sabes que yo hice mis venenos, yo sé cómo curarla antes de que sea demasiado tarde.- la contradijo Cristian.

Ahora sí estaba confundido ¿A quién debía creerle? Si daba la elección incorrecta moriría Aneliz.

-Yo...- empecé dudoso.

-¡Dayas! ¡No! No le hagas caso, olvídalo, el doctor Cullen es muy hábil, estoy segura que la salvará, sólo mata a Cristian.- dijo Violett.

Cristian empezó a reír nuevamente.

-Tú decides...- susurró con una sonrisa repugnante.

Respiré hondo, esperaba que no fuera un error lo que estaba a punto de hacer. Me incorporé jalando a Cristian de su capa negra. Éste se levantó con pasos torpez, pero a pesar de eso, tenía aún esa sonrisa repugnante.

-¿Cuál es la cura?- le pregunté intentando intimidarlo.

-Espera ¿Crees que te la voy a dar así nada más?- me preguntó riendo a carcajadas.

Me irrité.

-¿Cuáles son tus condiciones?- pregunté a regañadientes.

-Dayas, no- susurró Violett.

Aquello me recordó a Aneliz, a la última vez que había escuchado la voz de Aneliz. Ella había utilizado las mismas palabras ¿Significaban que cometía un error?

-Bueno, primero que nada, quiero que me dejen libre, y segundo, quiero mi brazalete.- contestó.

Lo miré por un momento.

-Si no, no hay trato, ni antídoto.- dijo Cristian encojiéndose de hombros.

Eso era complicado. Me sentí sucio y egoísta. Estaba entre la vida de Aneliz o la vida de todos.

-Dayas, sé que no nos conocemos mucho, pero sé cuando veo amor verdadero. Sé cuánto amas a Aneliz y cuánto harías por ella, pero quizás que ella muera sería mejor que poner en peligro la vida de todo el mundo.- dijo Violett.

Eso era suficiente para sacarme de mis casillas. La sola idea de que Aneliz muriera me dolía hasta el alma, no podía permitir que siguiera sufriendo.

-Hecho- susurré.

-¡No!- gritó Violett.

Cristian empezó a reírse a carcajadas.

-Bueno, entonces... el antídoto está en mi despacho.- dijo Cristian.

No fue necesario decirle que me llevara, pues ya había empezado a caminar. Volteé a ver a Violett, que estaba rígida en su lugar sin decir palabra. Había palidecido más de lo que ya estaba. Me sentí mal.


domingo 11 de julio de 2010

La pelea (Dayas cuenta)

Bueno, aquí les traigo la historia, pero desde el punto de vista de Dayas. Cómo Cristian terminó muerto y Violett también. Espero que les guste ;)


Aneliz se levantó con esfuerzo del piso, me dispuse a ayudarla, pero me miró de tal manera, que me di cuenta de que algo andaba muy mal. Miré a mí alrededor, Violett ya no estaba. Uno de los lobos salió corriendo seguido por los demás. Me volví a Aneliz que ahora se disponía a seguirlos. Ella, persiviendo mi mirada, se volvió y me miró con sufrimiento. Un sufrimiento que no tenía nada que ver con su herida. No quería ver esa mirada en su rostro, por lo que salí corriendo tras los lobos.

-¡Dayas, no!- escuché la voz de Aneliz en la lejanía.

Escuché el eco de las voz de los Cullen, al parecer estaban atendiendo a Aneliz. Eso era un alivio, una carga menos para mi alma.

Ahora me concentraba en escuchar los pasos de los lobos. Quizá así podría alcanzar a ayudarlos. Fue entonces cuando escuché un aullido cercano. Intenté seguirlo, eran ellos... entonces algo me atacó por la espalda, haciéndome caer al piso. La silueta me golpeó la mano. Al instante sentí un dolor punzante. Me incorporé rápidamente y me volví a la silueta. Aún así, no pude ver su rostro, que estaba cubierto por una capa negra. No me demoré más y le di un golpe en el estómago. La silueta, desprevenida, cayó al piso, ahora mostrando un rostro deforme que me dejó sin habla. La silueta aprobechó y me lanzó contra la pared. El aire salió de mi estómago al caer de vuelta al piso. Me sentía mareado. En ese momento escuché un grito. Estaban más cerca. Miré a la silueta por una milésima de segundo y salí corriendo en la dirección del grito, pero la silueta tomó mi pie y volví a caer al piso. Me volví y pateé a la silueta justo entre las piernas. Quién sabe si la silueta tendría la misma reacción que un humano normal, pero había sido lo suficiente para levantarme y rodearle el cuello con el brazo.

-¿Dónde está tu amo?- le pregunté con la voz entrecortada.

La silueta gruñó.

La apreté con mayor fuerza.

-Tienes diez segundos para decirme dónde está.- grité ahora con desesperación.

-Cerca- susurró la silueta.

Tenía ganas de estrangularla, una ira me invadió de tal forma, que estaba seguro que la emanaba. Pero no era lo correcto. Sin ella no sabría dónde estaban los demás.

-¿DÓNDE...

En ese momento la silueta tomó mi brazo y me estrelló contra el piso. Sentí la sangre que empezó a salir de mi nariz. Caliente. La silueta me dio un golpe en la esplada, apreté los dientes intentando no gritar de dolor. Estaba inmóvil. No sentía mi cuerpo, me lo había adormecido. Luché por despertar, lo único que persivía lo que pasaba eran mis ojos que miraban como aquel monstruo se reía de mí. La ira ahora era tan grande que me sentía capaz de destruír todo el edificio. Ya había pasado suficiente con ver sufrir a Aneliz, y no iba a dejar que aquella expresión de terror se quedara en su rostro. Lucharía por ella.
Empecé a sentir mis brazos y mis piernas de nuevo, me incorporé y me coloqué detrás de la silueta, que a penas reaccionaba. Le di un rodillazo en su supuesta espalda, obligándolo a que cayera al piso. Lo tomé del brazo y se lo retorcí.

-¿Dónde está tu amo?- repetí amenazante.

La silueta empezó a derramar lágrimas de dolor, pero no abrió la boca. Se lo retorcí un poco más.

-Es la última vez que te lo pregunto ¿Dónde está...

-En la puerta que sigue... en la puerta que sigue.- dijo la silueta.

La solté y la miré por última vez.

-Gracias.- susurré.

La silueta seguía retorciéndose de dolor en el piso. Sentí compasión en lugar de enojo, por lo que me acerqué a ella y tomando su brazo, se lo enderecé. La silueta cerró los ojos y se quedó quieta, como si no hubiera pasado nada.

De repente escuché un aullido, corrí hacia la puerta más cercana que tenía y la abrí. Por un lado con alivio al ver que los había encontrado, pero por otro lado con terror. No podía creer lo que mis ojos veían.