miércoles, 30 de diciembre de 2009

Dayas en peligro

Desde ese día no dejaba de entrenar. Cada vez iba mejorando. Ahora ya era más fuerte, pero no sabía tantas artes marciales, porque la persona que me lo enceñaba había desaparecido. El dolor seguía, había noches en las que no podía dormir. Pero eso no me molestaba, tenía que entrenar para poder salvar a Dayas y por no dormir una noche lo iba a dejar por completo.
Los días transcurrieron con lentitud. Hasta que el día esperado llegó.
Atena calló al piso con una ráfaga de viento que la incapacitó. Se quedó impresionada.

-¿Cómo lo hice?- pregunté con la respiración entre cortada.

No contestó. Le extendí la mano, me la tomó y la levanté, verdaderamente estaba impresionada.

-Ya estás lista- dijo algo alarmada- Muy bien...

Sé fue sin decir nada más.

A la mañana siguiente pasó lo mismo pero con Írica y al día siguiente igual, pero con Sam... incluso al cuarto día, Fabelo por un momento se quedó sin palabras. Eso que era alguien de una crítica muy dura y cruel. Entonces era cierto que ya estaba preparada para ese viaje que tanto había esperado.

-Bueno... Aneliz...- dijo mi hermana Írica en lo que me ayudaba a empacar- Quedate... ese viaje puede ser muy peligrosos...

-¿Qué pasaría si por tu culpa Eliot desapareciera?- le pregunté metiendo el collar que Dayas me había regalado a la mochila.

Írica se quedó cayada por un momento.

-No lo sé- dijo bajando la cabeza- creo que haría lo mismo que tú.

La abracé.

-Lo siento, pero Dayas es mi alma gemela... no lo puedo negar.

El dolor que por un momento se había ido se intencificó más que otras veces y caí al piso gimiendo de dolor.

-¿¡Aneliz?!- gritó Írica asustada- ¡Auxilio!!

En ese momento entró Eliot con unos guardias que me ayudaron a levantarme en lo que Eliot consolaba a Írica que había empezado a llorar.

-Ella es muy fuerte- dijo Dayas con voz débil pero firme- Nunca la vas a atrapar.

-Si no te huvieras puesto en su camino ya la huvieramos atrapado

Dijo el hombre completamente vestido de negro desde un rincón de un calaboso extenso y lleno de polvo.

-Pero no te preocupes, pronto volverán a estar juntos ¿Crees que no sé lo de su unión? ¿Para qué proteges a tu alma gemela si ambos sabemos muy bien que no sirve de nada??

Dayas hizo ademán de levantarse, pero las cadenas que sostenían sus brazos no lo dejaron acercarse lo suficiente como para atacar a aquel hombre.

-Ahora está segura... no tengo que preocuparme- dijo Dayas para si mismo.

-Aneliz- dijo Atena- No puedes ir a ese viaje si te estás desmayando a cada rato.

Me quedé confundida... ¿Qué había pasado? Yo sabía que podía presentir todo lo que Dayas sentía, pero no sabía que podía ver lo que él veía. Me levanté, me di cuenta de que nuevamente estaba en mi cama.

-Tengo que ir- dije rápidamente- ya estoy lista, tengo que ir.

Sam negó con la cabeza.

-Estás lista físicamente, pero mentalmente estás muy débil- dijo Sam.

-Pero no me puedo tardar más... puede pasar algo inesperado y Dayas...-no podía decir esa palabra- tengo que ir.

-Sabemos lo que te pasa- dijo Atena- lo hemos visto todo, pero no es lo correcto que vayas en este momento... espera una semana, si a la que buscan es a tí ¿Cuál es el problema?

Esta vez mis hermanos estaban en lo cierto.

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