Al abrir los ojos una tenue luz que entraba por la ventana de habitación me hizo volver a cerrar los ojos. Estaba desorientada y ese horrible dolor en el corazón y el estómago seguía ahí indicandome que lo que había pensado que había sido un mal sueño era verdad. El dolor se agrando y gemí de dolor.
-¿¡Aneliz?!- preguntó mi hermana Írica, que de acuerdo a lo que escuchaba se encontraba a mi lado- ¿Te sientes bien?
Abrí los ojos... alguien había tapado el destello de luz.
-Dayas- dije como en sueños.
-Aneliz ¿Qué pasó?- preguntó Sam
Escuché que alguien le daba un codazo.
-Tranquilo- dijo Annet, su protectora, en un susurro- ¿Qué no ves que en este momento se siente mal?
-No- dije- no lo recuerdo muy bien, pero se los puedo contar... necesito que me entrenen, por favor, debo ir por Dayas.
-Pero Aneliz...-empezó mi otra hermana Atena que controlaba el aire- Él está...
-No- la interrumpí- yo sé que sigue vivo, en alguna de las dimensiones.
Mi corazón se empezó a levantar queriendo guiarme al lugar exacto en el que se encontraba Dayas, pero lo retuve... primero tenía que estar preparada. Me levanté.
-Bueno...- empecé intentando recordarlo todo- Sólo recuerdo que Dayas estaba en problemas... fui por él y cuando llegué estaba peleando con un hombre completamente vestido de negro, Dayas me dijo que no tocara el piso...
Una viva imagen de cuando calló al piso llegó a mi mente.
- No le hice caso y toqué el piso. Sombras negras empezaron a salir del piso y me atacaron pero las retuve, hasta que mis fuerzas ya no daban y por mi culpa... por mi culpa... Dayas fue tocado por esos monstruos y desapareció.
Otra imagen llegó a mi mente en la que Dayas se cruzaba entre la mano del mosntruo y mi brazo. Me odiaba a mi misma, por mi culpa Dayas había desaparecido... el dolor se intencificó.
-¿Cómo eran aquellas sombras?- Preguntó un hombre que hasta ese momento no me había dado cuenta de que estaba ahí.
-Eran transparentes... y al sentir su precencia todo se...- los recordé- toda esperanza se iba.
El hombre se quedó pensativo y los demás se quedaron cayados.
-¿Sabe ustede algo de ellos?- le pregunté al hombre.
-Son las sombras de la dimensión Ésblica... la más oscura de todas- contestó como si nada, pero los demás nos quedamos asombrados- Son unos seres que sólo pasan los años cambiando el pasado para crear un sombrio futuro a los seres de la luz o para los humanos de la ficción o mitología como ustedes... como usted señorita Edlice, avatar de los cuatro elementos.
-¿Quién es usted?- pregunté aun confundida y curiosa. Ese señor parecía saber mucho de aquellos seres.
-Yo, señorita...
- Sólo Aneliz- lo interrumpí, odiaba que me llamaran por mi apellido, lo sentía muy formal.
- Aneliz, soy el profesor de geografía dimensional Ulka, sé todo sobre la ubicación de las dimensiones del portal, sus nombres, su tamaño y de algunas sus seres, se su clasificación y su comienzo...
Sabía que si no estuviera en esta situación lo huviera creído un loco. Su aspecto era de no haber dormido en meses, su ropa era de hacía años y decolorada. Sus facciones se veían viejas y sus ojos algo cuerdos, pero con un color dorado que sólo había visto en la familia Cullen. Sus cabellos estaban muy parados y grises con algunos rayos rogizos... pero necesitaba su ayuda y sabía que si no llegaba a tiempo con Dayas, ambos moriríamos... yo no podría soportar mucho tiempo sin él y él tampoco.
-Necesito su ayuda profesor Ulka- dije decidida en lo que los demás me miraban con cara de pocos amigos- y la de ustedes también... voy a salvar a Dayas.
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