miércoles, 30 de diciembre de 2009

El orfanato

Todos se despidieron de mí con tristeza. A mí también me dolía la despedida, pero mis ganas por ir a salvar a Dayas era más fuerte que antes. Me fui caminando al bosque con la mochila en la espalda, esta vez estaba lista. Mi corazón me decía que entrara al portal y así lo hice. Al entrar la sensación de volar llegó. Había millones de pequeños puntitos luminosos, pero cuando me acercaba no eran más que circulos, hasta que encontré una con cara de hombre y me metí.
Al despertar estaba en una habitación con paredes grises, la cama tenía sábanas blancas y al lado de la puerta que se encontraba enfrente de mí a unos 2 metros era de color café más acercandose al blanco. De repente un hombre entró a la habitación.

-¡Aneliz!- dijo Zakus- ¡Qué suerte que estás aquí!!!

Me quedé rígida ¿Qué hacía él aquí?

-Entiendo que te preguntes que ago aquí... pues verás después de que nos desterraron de su pueblo nos tuvimos que ir a algun lado y lo primero que encontramos fue este orfanato en el que vivió tu querido Dayas.

-¿Orfanato? ¿Estoy en...

-Las afueras de Madrid.- terminó por mí- sí... lástima que ya no vas a poder salir de aquí.

-¿De qué hablas?

-¿Crees que después de lo que nos hiciste te vamos a dejar salir de aquí?

Sabía la respuesta... no me esperaba este incoveniente, tenía que crear un plan para salir de ahí. Lo miré a los ojos... lo vi intentando manipular mi mente, pero él bien sabía que conmigo no podía hacer eso. Mi mente en ese momento trabajaba lo más rápido que podía.

-No creas que te puedes escapar tan fácilmente... estás rodeada, mis hermanos están allá afuera esperando a que salga... y no intentes escaparte por la ventana, los guardias te están esperando.

Miré hacia la ventana que estaba en la cabecera de la cama.

-¿Cómo me encontraron?

-Mis hermanos y yo ibamos caminando cuando te vimos llegar del portal desmayada... te recogimos y... ya estamos aquí. La próxima vez se más cuidadosa.

-No habrá próxima vez.

-Creo que tampoco si te vas a quedar aquí...-rió.

Hice un temblor gigante en toda la zona, Zakus calló y la ventana se rompió, salí por la ventana, pero unos helicópteros me empezaron a seguir. Saqué todo el aire que pude y volé a una velocidad que nunca había probado, pero los helicópteros me seguían ¿Cómo me había descuidado de es manera? ¿Cómo era que me había desmayado? Siguí volando esquivando los hélicopteros que de repente se me cruzaban, les lancé volas de tierra, pero no servía de mucho, esos helicópteros eran demasiado fuertes. Todavía sentía la risa de Zakus en mi cabeza, cruel y fría ¿Cómo habrán estado sus hermanos? No me interesaba en ese momento, pues un helicóptero estaba a punto de tocarme. Lo esquivé y volé con más fuerzas que antes, no podía parar... los helicópteros se fueron quedando atrás, pero no dejé de volar, así lo decía mi corazón. Pasaron hora... bueno, para mí el tiempo que había volado habían sido horas, pero no me cansaba, cada vez iba más rápido, hasta que me dí cuenta de que el océano pasaba demasiado rápido y pequeñas islas se empezaban a ver. Seguí volando sin parar hasta que alcancé a divisar tierra. Fui bajando lentamente hasta divisar un bosque. Caí parada, no sabía cuanto tiempo había volado, pero por lo que sabía había sido mucho. Caminé e hice crecer algunas plantas con vegetación para comer, de vez en cuando paraba para descansar o para ver animalitos que nunca había visto en mi vida. No sabía en dónde estaba, pero lo disfrutaba. Después de caminar un largo rato divisé una carretera y un gran almacén. Crucé la carretera y mi corazón me dijo que me metiera a un Lounge cercano a ese gran almacén. Eso fue justamente lo que hice. En la entrada del Lounge decía: "Felicidades Violett", no se veía muy grande, pero cuando entré ese lugar era gigante. Las personas que estaban ahí me voltearon a ver, de repente me di cuenta de que algunas de ellas eran muy hermosas y pálidas, pero había una que tenía los ojos de un color violeta impresionante, una de esas personas se me acercó... no era humano... era vampiro.

La dimensión de los sueños y la de las pesadillas

Dayas me miró fresco y con una sonrisa en el rostro, Fabelo solo nos vio y nos dio una fugaz sonrisa... nunca había sido muy sociable, pero era mi hermano y les contesté con una sonrisa deslumbrante a ambos. Dayas caminó con impaciencia hacia mí pasando a los demás, me levanté y nos dimos el abrazo como todas las mañanas. Mis pies dejaron de tocar el piso y sus labios se juntaron con los mios, el beso que habíamos dejado penidente el día anterior se había completado con es único y electrizante beso... yo sabía que estaba completamente enamorada de él y que nunca lo dejaría ir, pero ese beso fue algo único que me dejó más segura que en otros momentos.

En es momento me desperté... cada día me atormentaba más su aucencia, pero yo sabía que en ese momento ambos habíamos precenciado el mismo sueño, porque lo sentía feliz a pesar de estar en el peor de los lugares. Me levanté, la semana había pasado lentamente, pero con ese sueño que me llegaba todas las mañanas me sentía más fuerte que nada. Salí de mi habitación ya vestida y me dirigí al despacho del profesor Ulka. Había aprovechado esa semana para aprender sobre las dimensiones. Al llegar a su despacho el profesor se levantó de su aciento.

-Buenos días Aneliz- dijo el profesor- hoy vamos a aprender sobre la división de las dimensiones.

Asentí, el profesor se dirigió a un pizarrón lleno de escrituras extrañas.

-El portal de las dimensiones se divide en tres partes- señaló una escritura extraña- la primera es lucine, que significa portal de luz, en el que se encuentran nuestra dimensión, la de los humanos, la de los deseos y la de los sueños. Cada dimensión tiene un portal como ya sabrás... y cada portal es diferente. Para saber cual dimensión es cual debes imaginarte el ser u objeto más representativo de la dimensión, como por ejemplo está.

Señaló un dibujo que tenía una llama de fuego, una gota de agua arriba, tierra debajo de la llama de fuego y ráfagas de viento a su alrededor.

-¿De cuál crees que es está?

-Es la nuestra- dije en lo que me acercaba al dibujo con una mano extendida lista para tocarlo, pero me detuve.- ¿La dimensión de los sueños?- pregunté- ¿Cómo es esa?

-Imagínatelo tú-contestó.

Me puse a pensar. Primero me imaginé una nuve, pero luego todo me llegó como si lo supiera desde antes.

-Es lo que más sueño ¿cierto?

-Correcto, cuando no encuntres la forma que buscas, peguntale a tu corazón... es un arte muy complicado, pero sirve, él te guiará a la dimensión de los sueños, porque es la más poderosa y mágica de todas, algo que no todos los corazones lo tienen.- carraspeó- pero bueno, sigamos. Esta es la primera parte de tres, la de en medio es la tridimensional.-señaló otro escritura- o en pocas palabras 3D. Ésta es la más importante, porque mantiene el equilibro entre las otras dos. Sin esa dimensión no tendríamos volumen, o no podríamos ver el otro lado de las cosas... sólo un lado. La cosa es que las dimensiones de esa parte se conencta con todas las demás dimensiones, cosa que no logran las dimensiones de la luz o las dimensiones de la oscuridad. Las dimensiones de la parte 3D son las siguientes: 3D, 2D y calipso, cuando necesites ayuda o en otras palabras equilibrio en tu ser ve Calipso... siempre tiene lo que necesitas. Ahora yo sé que mañana te vas, por lo tanto acabemos de una vez para que tengas tiempo de empacar. Verás, la última parte del portal de dimensiones... es la parte más oscura del portal. Osculal- señaló una tercer escritura- la más temida y peligrosa de todas. En está se encuentran las siguientes dimensiones, pesadilla, miedo, Clacov y Ésblica.... la más oscura de todas, allí se encuentra Dayas si no son malos mis calculos. Su forma es la de esos seres con los que te enfrentaste aquel día, así que no sería difícil de encontrar.

Asentí y tragué saliva, por fin después de vario intentos de salir de aquí me pareció que era el momento... mi corazón se volvió a levantar listo para guiarme.

-Bueno- dijo el profesor- Aneliz, me parece que estás lista, eso fue todo... espero que todo esto te ayude con tu viaje.

Asentí, no salian las palabras de mi boca.

-Gracias- dije en voz baja.

Salí del despacho y me encaminé a mi habitación. Iba a empacar.

Dayas en peligro

Desde ese día no dejaba de entrenar. Cada vez iba mejorando. Ahora ya era más fuerte, pero no sabía tantas artes marciales, porque la persona que me lo enceñaba había desaparecido. El dolor seguía, había noches en las que no podía dormir. Pero eso no me molestaba, tenía que entrenar para poder salvar a Dayas y por no dormir una noche lo iba a dejar por completo.
Los días transcurrieron con lentitud. Hasta que el día esperado llegó.
Atena calló al piso con una ráfaga de viento que la incapacitó. Se quedó impresionada.

-¿Cómo lo hice?- pregunté con la respiración entre cortada.

No contestó. Le extendí la mano, me la tomó y la levanté, verdaderamente estaba impresionada.

-Ya estás lista- dijo algo alarmada- Muy bien...

Sé fue sin decir nada más.

A la mañana siguiente pasó lo mismo pero con Írica y al día siguiente igual, pero con Sam... incluso al cuarto día, Fabelo por un momento se quedó sin palabras. Eso que era alguien de una crítica muy dura y cruel. Entonces era cierto que ya estaba preparada para ese viaje que tanto había esperado.

-Bueno... Aneliz...- dijo mi hermana Írica en lo que me ayudaba a empacar- Quedate... ese viaje puede ser muy peligrosos...

-¿Qué pasaría si por tu culpa Eliot desapareciera?- le pregunté metiendo el collar que Dayas me había regalado a la mochila.

Írica se quedó cayada por un momento.

-No lo sé- dijo bajando la cabeza- creo que haría lo mismo que tú.

La abracé.

-Lo siento, pero Dayas es mi alma gemela... no lo puedo negar.

El dolor que por un momento se había ido se intencificó más que otras veces y caí al piso gimiendo de dolor.

-¿¡Aneliz?!- gritó Írica asustada- ¡Auxilio!!

En ese momento entró Eliot con unos guardias que me ayudaron a levantarme en lo que Eliot consolaba a Írica que había empezado a llorar.

-Ella es muy fuerte- dijo Dayas con voz débil pero firme- Nunca la vas a atrapar.

-Si no te huvieras puesto en su camino ya la huvieramos atrapado

Dijo el hombre completamente vestido de negro desde un rincón de un calaboso extenso y lleno de polvo.

-Pero no te preocupes, pronto volverán a estar juntos ¿Crees que no sé lo de su unión? ¿Para qué proteges a tu alma gemela si ambos sabemos muy bien que no sirve de nada??

Dayas hizo ademán de levantarse, pero las cadenas que sostenían sus brazos no lo dejaron acercarse lo suficiente como para atacar a aquel hombre.

-Ahora está segura... no tengo que preocuparme- dijo Dayas para si mismo.

-Aneliz- dijo Atena- No puedes ir a ese viaje si te estás desmayando a cada rato.

Me quedé confundida... ¿Qué había pasado? Yo sabía que podía presentir todo lo que Dayas sentía, pero no sabía que podía ver lo que él veía. Me levanté, me di cuenta de que nuevamente estaba en mi cama.

-Tengo que ir- dije rápidamente- ya estoy lista, tengo que ir.

Sam negó con la cabeza.

-Estás lista físicamente, pero mentalmente estás muy débil- dijo Sam.

-Pero no me puedo tardar más... puede pasar algo inesperado y Dayas...-no podía decir esa palabra- tengo que ir.

-Sabemos lo que te pasa- dijo Atena- lo hemos visto todo, pero no es lo correcto que vayas en este momento... espera una semana, si a la que buscan es a tí ¿Cuál es el problema?

Esta vez mis hermanos estaban en lo cierto.

martes, 29 de diciembre de 2009

Profesor de geografía dimensional

Al abrir los ojos una tenue luz que entraba por la ventana de habitación me hizo volver a cerrar los ojos. Estaba desorientada y ese horrible dolor en el corazón y el estómago seguía ahí indicandome que lo que había pensado que había sido un mal sueño era verdad. El dolor se agrando y gemí de dolor.

-¿¡Aneliz?!- preguntó mi hermana Írica, que de acuerdo a lo que escuchaba se encontraba a mi lado- ¿Te sientes bien?

Abrí los ojos... alguien había tapado el destello de luz.

-Dayas- dije como en sueños.

-Aneliz ¿Qué pasó?- preguntó Sam

Escuché que alguien le daba un codazo.

-Tranquilo- dijo Annet, su protectora, en un susurro- ¿Qué no ves que en este momento se siente mal?

-No- dije- no lo recuerdo muy bien, pero se los puedo contar... necesito que me entrenen, por favor, debo ir por Dayas.

-Pero Aneliz...-empezó mi otra hermana Atena que controlaba el aire- Él está...

-No- la interrumpí- yo sé que sigue vivo, en alguna de las dimensiones.

Mi corazón se empezó a levantar queriendo guiarme al lugar exacto en el que se encontraba Dayas, pero lo retuve... primero tenía que estar preparada. Me levanté.

-Bueno...- empecé intentando recordarlo todo- Sólo recuerdo que Dayas estaba en problemas... fui por él y cuando llegué estaba peleando con un hombre completamente vestido de negro, Dayas me dijo que no tocara el piso...

Una viva imagen de cuando calló al piso llegó a mi mente.

- No le hice caso y toqué el piso. Sombras negras empezaron a salir del piso y me atacaron pero las retuve, hasta que mis fuerzas ya no daban y por mi culpa... por mi culpa... Dayas fue tocado por esos monstruos y desapareció.

Otra imagen llegó a mi mente en la que Dayas se cruzaba entre la mano del mosntruo y mi brazo. Me odiaba a mi misma, por mi culpa Dayas había desaparecido... el dolor se intencificó.

-¿Cómo eran aquellas sombras?- Preguntó un hombre que hasta ese momento no me había dado cuenta de que estaba ahí.

-Eran transparentes... y al sentir su precencia todo se...- los recordé- toda esperanza se iba.

El hombre se quedó pensativo y los demás se quedaron cayados.

-¿Sabe ustede algo de ellos?- le pregunté al hombre.

-Son las sombras de la dimensión Ésblica... la más oscura de todas- contestó como si nada, pero los demás nos quedamos asombrados- Son unos seres que sólo pasan los años cambiando el pasado para crear un sombrio futuro a los seres de la luz o para los humanos de la ficción o mitología como ustedes... como usted señorita Edlice, avatar de los cuatro elementos.

-¿Quién es usted?- pregunté aun confundida y curiosa. Ese señor parecía saber mucho de aquellos seres.

-Yo, señorita...

- Sólo Aneliz- lo interrumpí, odiaba que me llamaran por mi apellido, lo sentía muy formal.

- Aneliz, soy el profesor de geografía dimensional Ulka, sé todo sobre la ubicación de las dimensiones del portal, sus nombres, su tamaño y de algunas sus seres, se su clasificación y su comienzo...

Sabía que si no estuviera en esta situación lo huviera creído un loco. Su aspecto era de no haber dormido en meses, su ropa era de hacía años y decolorada. Sus facciones se veían viejas y sus ojos algo cuerdos, pero con un color dorado que sólo había visto en la familia Cullen. Sus cabellos estaban muy parados y grises con algunos rayos rogizos... pero necesitaba su ayuda y sabía que si no llegaba a tiempo con Dayas, ambos moriríamos... yo no podría soportar mucho tiempo sin él y él tampoco.

-Necesito su ayuda profesor Ulka- dije decidida en lo que los demás me miraban con cara de pocos amigos- y la de ustedes también... voy a salvar a Dayas.

Aneliz Tina Edlice

"Tus ojos cambian de color de acuerdo al elemento que necesites en ese momento" Decía mi papá cuando tenía 5 años. Ese día mis ojos eran cafés, pues el elemento que más había usado era la tierra para ayudar a mi hermano Sam (que también controlaba la tierra) a que florecieran las plantas del jardín de el castillo. Esa era una tarde tranquila para todos, pero lo que no entendía era en dónde se encontraba Dayas que acostumbraba burlarse de mis intentos de hacer crecer a una flor, pues ayudar a mi hermano Sam era parte de mi entrenamiento para que un día pudiera controlar los cuatro elementos correctamente.
Dayas es mi alma gemela por así decirlo... cuando le pasaba algo malo lo podía sentir, fuera lo más mínimo o algo que le hiciera verdadero daño al igual que lo bueno. Cuando estaba feliz ambos lo compartíamos, estuvieramos separados o juntos, pero en ese momento había algo que le preocupaba, no solo le preocupaba... había algo que defendía todo lo que podía, no sabía que, pero atraje una ráfaga de viento hacia mí y volé hacia la torre más alta del castillo, pues ahí sentía su presencia... no era una experta en eso de usar el aire, pero tenía que saber que era lo que le pasaba a Dayas.

-¡Aneliz!!- me gritó Sam desde lo lejos- ¿Qué haces? ¡Aún no acabamos con tu entrenamiento!!

-¡Lo siento, pero algo pasa allá arriba!-contesté- ¡Dile a los demás!!

Sam, al escuchar esas palabras corrió hacia el castillo dejando a las flores marchitas.
Al llegar hasta lo más alto de la torre lo pude ver, sus ojos verdes me volteron a ver por un momento para luego voltearse y bajar la cabeza porque una bola negra se dirigía a su cabeza. Corrió rápidamente hacia lo que le había lanzado la bola, empezando así una pelea con aquel hombre vestido de negro de pies a cabeza. La pelea pasaba con tanta rapidez, de un momento a otra ya estaban en la esquina o uno tirado en el piso, pero siempre se recuperaban. Hasta que Dayas cayó.

-¡Aneliz!! ¡Por lo que más quieras no toques el piso!!- me gritó.

No le iba a hacer caso, tenía que salvarlo. Fui bajando lentamente y cuando toqué el piso sombras negras empezaron a salir del suelo, me rodeaban y Dayas empezó a sufrir más, saqué un llama de fuego del suelo para que me envolviera y esos seres no me pudieran tocar pero la pasaron como si huvieran anvanzado con normalidad. Atraje agua del lago del pueblo y los envolví con ella para lanzarlos, pero no era suficiente... se recuperaban. Levanté una muralla de piedra de la torre y lancé un remolino, me quedé allí pero los seres rompieron la roca después de un rato y uno de ello extendió su mano para tocarme, pero se cruzó Dayas y desapareció. Sam y los demás empezaron a llegar y yo desesperada lancé otro remolino con toda mi fuerza para que salieran volando todos aquellos monstruos que me habían quitado mi alma gemela. Todos salieron volando para desaparecer en el aire. Caí de rodillas y me desmayé, mi corazón estaba completamente vacio y mi dolor no me dejaba vivir, sentía que él aún existía, pero sabía que iba a ser muy difícil encontrarlo, tenía que entrenar lo más duro que pudiera para rescatarlo.


Esto se lo dedico a Violett, que me convenció de que podía empezar con esté blog...jeje