jueves, 12 de agosto de 2010

La verdad

Bueno, primero que nada. Ahora vuelve a contar Aneliz. La última vez que a ella le tocó narrar fue... humm... en Julio si no me equivoco. El capítulo se llama: Eso es quedarse corto.
Con tanto que ha hablado Dayas, seguramente habrán olvidado en dónde se quedó Aneliz.
Nada más quisiera volver a pedir una cosa ¿Podrían recomendar mi blog? jejejejeje Me estoy proponiendo llegar a los 15 seguidores. =D


Dayas se levantó y abrió la puerta, dejando pasar a la familia Cullen. Todos me sonrieron con un afecto que en realidad no lo merecía.

-Aneliz, deja de culparte a ti misma.- me dijo Edward al leer mis pensamientos.

-No hay nada de qué preocuparse.- siguió Bella.

No pude evitar dibujar una pequeña sonrisa.

-Gracias, pero sí es mi culpa.

Me volví hacia Dayas que parecía estar más nervioso de lo normal. Lo miré confundida. Edward y Dayas intercambiaron una mirada significativa.

-No es tú culpa, Aneliz. Tú eres completamente inocente.- susurró Dayas.

Me sonrió, pero sin que la felicidad llegara a sus ojos. Negué con la cabeza.

-Claro que lo es.

-No creerás eso cuando sepas lo que pasó después.- continuó con la cabeza baja.

Lo tomé de la mano.

-¿De qué hablas?- pregunté incrédula.

Dayas respiró hondo y me encaró. Parecía avergonzado, arrepentido. Tomó mi otra mano con delicadeza.

-Aneliz, todo, absolutamente todo fue mi culpa.

Me dispuse a negarme, pero él reaccionó antes.

-Antes de contradecirme, por favor, escúchame. Me siento egoísta, con solo ver tu cara... Pero estoy seguro de que hice lo correcto.- empezó con seriedad.

Negué con la cabeza.

-¿De qué hablas?- volví a preguntar confundida.

-Aneliz, cuando te desmayaste fui por Violett, quería destruir a Cristian... Ayudar... entonces, cuando los encontré tuvimos la oportunidad de destruirlo, pero él... dijo que tú morirías. Que era el único que podía salvarte. Le creí...

Negué con la cabeza, aterrada.

-Me llevó a su despacho y sacó el antídoto. No se negó, ni se retuvo, pero sí hicimos un trato...

-¿Cuál?- pregunté intrigada y a la vez aterrada.

-Dijo que me daría el antídoto, a cambio de su brazalete, con el cual terminaría con la vida de todos. Fui un egoísta... pero la sola idea de perderte- su voz fue apagada.- no lo soportaría.

Lo miré con dulzura.

-Dayas...- susurré conmovida.

Acaricié su mejilla. Él sonrió, pero aún sin felicidad.

-Pero no hemos terminado allí.- dijo Emmett.

Me volví. Todos nos miraban con seriedad.

-Cristian parecía querer retractarse al ver el dolor de Dayas. Lo leí en su mente. Quisimos darle una oportunidad, pero Violett no quiso aceptarlo.- siguió Edward.

-Se abalanzó sobre Cristian y pronunció unas palabras en un idioma extraño, antiguo...- dijo Bella.

Todos tenían el terror dibujado en el rostro. Con sólo imaginármelo... estaba segura que mi rostro mostraba el mismo terror.

-Significaba: Que la magia negra y la blanca se junten en una sola para castigar a aquel que ha maltratado al prójimo con sus mentiras.
Que su poder desaparezca, que su alma deje su cuerpo, que su espíritu caiga en la más recóndita de las dimensiones.
Sin rastro, sin huella, que nadie lo busque. Sólo él, con su propio perdón, viendo sus errores, podrá salvarse y así volver con aquella que lo esperaba.- continuó Edward.

Los miré incrédula.

-Si no hubiera sido por Edward, que lee mentes.- dijo Jasper dándole unas cariños palmadas en la espalda.- Nunca hubiéramos sabido su significado. Al parecer ese idioma no existe en esta dimensión. Viene de una lejana. No sabemos cómo lo aprendió Violett, pero era un conjuro. Provocó que Cristian desapareciera, pero sus efectos no fueron favorecedores para ella, pues cayó desmayada.... o...

No tenía que mencionarlo para saber a lo que se refería. Aún así, yo tenía parte de la culpa, aunque Dayas se hubiera confesado, aunque Violett se hubiera abalanzado sobre Cristian por voluntad propia.

-No intentes buscar razones de culparte, Aneliz.- me regañó Edward.

-Pero...

-Nada de peros, señorita. Te voy a traer algo de desayunar.- dijo Esme con aquel cariño maternal que tanto me gustaba.

-Gracias- susurré.

Aún así, estaba preocupada. Quería y debía ver a Violett.

Edward negó con la cabeza.

-No estás en condiciones de levantarte. Mejor tranquilízate, no hay nada de qué preocuparse.- me consoló Edward.

-¡Claro que no hay nada de qué preocuparse!- dijo Emmett.- Este mosntruito a veces se equivoca.

Tomó a la delicada Alice y le revolvió el cabello.

-Eso espero- dijo Alice en voz baja.

Esme me volvió a abrazar y salió de la habitación, seguida de Alice y Jasper con la promesa de que volverían para platicar un rato. Emmett y Rosalie se dispusieron a salir.

-Bueno, nostros teníamos algo que hacer, pero no hay nada mejor que molestar al avatar.- dijo con una sonrisa jueguetona.

Reí.

-Nos veremos luego, muchas gracias por todo.- agradecí.

Rosalie asintió mostrando una mueca de disgusto. Me daba la sensación de que nunca le había caído bien.


lunes, 2 de agosto de 2010

Lo peor de todo (último de Dayas)

Sí, una semana tediosa desde nuestro regreso a la tierra, a la dimensión de los humanos.
Durante el regreso, lo único que nos refrenaba, lo que nos obligaba a posponer la pelea que se desencadenaría pronto, era traer a nuestras almas gemelas en brazos. No soportaba la idea de ver a Aneliz sufrir cuando despertara ¿Qué pensaría cuando se enterara de que Seth y yo peleamos? A pesar de que me doliera, ella lo quería mucho. Tanto como para llamarlo hermano. Aquello me repugnaba después de lo que Seth había dicho sobre ella. Lo odiaba de tal forma... nunca había odiado a nadie de esa manera.
Por su lado, él no quitaba la vista de la inconciente Violett. Parecía encimismado en sus pensamientos. No me dirigió ninguna mirada de odio. Pero observarlos fue un tormento para mí. Por mi culpa Violett estaba en aquel estado de inconciencia, sino es que muerta. Aquella idea me ocasionaba escalofríos.

Cuando llegamos a la casa de los Cullen, no volví a ver a Seth en dos días. A Aneliz le sedieron la habitación que parecía ser la de Rosalie y Emmett. La acompañé todo el tiempo que pude, sin moverme de su lado. Ella seguía sin despertar ¿No se consumía lentamente? Aquella idea me aterraba, pero Edward me consolaba diciéndome que podía leer sus pensamientos. Sentí tal emoción. Por lo menos sabía que ella aún vivía y mis esperanzas de que despertara aumentaban cada vez que respiraba. Me daba la sensación de que ella sentía mi presencia. Cada vez que tomaba su mano sentía un cosquilleo agradable, incluso parecía que ella sonreía.

Fue entonces cuando al tercer día Seth volvió a aparecer. Saludó fugazmente a todos, dedicándome a mí una mirada cargada de odio. Ambos intentamos comportarnos, pero no era posible. Cada movimiento que hacía, Seth me miraba con suspicacia. Cada palabra que él pronunciaba yo la sentía como una ofensa.
En la tarde fue cuando todo salió de control... aún cuando terminó todo no podía creer que hubiera pasado.

Seth subió al segundo piso, sin poder evitarlo lo seguí sigilosamente. Pasó de largo las primeras dos puertas hasta pararse enfrente del cuarto en el que reposaba Aneliz. Abrió la puerta lentamente y se adentró. Me acerqué y miré por la apertura de la puerta. Seth se acercó sigilosamente, hasta quedar a solo unos pasos de Aneliz. Sacó algo que destelló en la oscuridad. Me di cuenta de que era la hoja de cuchillo más filosa que había visto. Sin pensarlo dos veces corrí hacia él con todas las fuerzas que tenía hasta tumbarlo e inmovilizarlo. Le quité el cuchillo de la mano y lo lancé fuera de la casa, provocando que se rompiera la ventana en mil pedacitos. Los ojos de Seth destellaron levemente, mostrando su disgusto. Ambos empezamos a forcejear. Íbamos empatados en realidad, me prometí a mí mismo que si Aneliz despertaba nunca le contaría sobre esto. Giramos sobre nostros mismos. Chocamos con un estante de libros, que al moverse dejó caer unos cuantos libros que nos dejaron aturdidos por un momento. Seth fue el primero en reaccionar. Tomó un pedazo de vidrio, que casualmente ~y a mi mala suerte~ por el impacto había llegado hasta allá. Lo alzó y con un movimiento limpio, me dio de llano en el brazo. Gemí de dolor, pero lo paré antes de que pudiera atacarme nuevamente.

-Seth- intenté tranquilzarlo.

Ambos respirábamos entrecortadamente.

-No hagas esto, por favor. Hazlo por Violett.- susurré con el último aliento que me quedaba.

Sentí la sangre brotar de mi antebrazo derecho. Parecía profunda. Mirá a Seth con súplica, que empezaba a reflejar la duda en su rostro.

En ese momento la puerta se abrió de golpe y los Cullen entraron. Tomaron a Seth, que empezó a forecejear mirando a Aneliz. Me dispuse a atacarlo nuevamente a pesar de que el brazo no me respondía. Sentí cómo Bella me tomaba del hombro. Me volví enfurruñado. Ella negó con la cabeza. Suspiré resignado, intetando parar aquellas ansias de destruirlo. Pronto lo sacaron de la habitación, dejándonos a Edward y a mí solos. Bella fue la última en salir, cerrando la puerta tras sí.

Empecé a caminar impaciente, ahora no podría separarme de Aneliz ni un sólo segundo más. Tenía que cuidarla, protegerla... o Seth volvería y... Tenía ganas de gritar. De romper algo.

-Calma, Dayas.- dijo Edward.

Lo fulminé con la mirada.

-No habrá necesidad de que cuides a Aneliz tan intensivamente. Seth no podrá entrar durante el tiempo de su estancia.- susurró Edward contrariado.

Me sentí más culpable de lo que ya me sentía. Miré a Aneliz, no pude evitar dibujar una pequeña sonrisa cuando vi su angelical rostro.

-Lo siento, Edward. Este lo siento es para todos. Actué como un tonto allá. No debí poner en peligro a nadie... es sólo que...- suspiré volviéndome a él.

Edward asintió lentamente.

-Lo sé, y no te culpo. En realidad nadie aquí te culpa.- contestó.

Lo miré con el seño fruncido.

-Bueno, Seth...- dijo incómodo.

-Lo siento.- repetí.

Él asintió sonriendo.

-Ninguno de los dos son culpables ¿Entendido? Nosotros nos metimos en una pelea que no era nuestra... afrontamos las consecuencias.- contestó Edward encogiéndose de hombros.

-Gracias- susurré viendo a Aneliz.

Si tan sólo ella despertar... No podía evitar pensar en su esencia, en su vitalidad y sobre todo en esos cautivadores ojos. La extrañaba, en realidad, extrañaba todo en ella. Incluso esa encantadora sonrisa que aparecía en el momento exacto. Ella era mi existencia, y entendía, a pesar de no querer aceptarlo, cómo se sentía Seth. Él amaba a Violett, era su impronta y yo me había encargado de... de... no podía pronunciar la palabra. Sólo esperaba que todo se mejorarar...

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Pasa por mi nuevo blog:
http://3namorami3nt0anelizdayas.blogspot.com/

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Por qué tiene que ser así?

Bueno, primero que nada, vuelvo a dejar el link del nuevo blog:
http://3namorami3nt0anelizdayas.blogspot.com/
¡Les ruego pasen a verlo!
Por lo demás, espero que disfruten el capítulo ;)



-Confiaré en ti.- susurró Edward.

Todos en la habitación mirábamos a ambos confundidos ¿Qué era lo que tramaban?

-¿Edward? ¿Qué significa todo esto?- preguntó Violett molesta.

-Violett, él promete camibar todo. Promete intentar cambiar...- susurró Dayas.

Ambos intercambiaron una mirada fría.

-¡No!- gritó Violett.- ¡Él es un traidor y siempre lo será!

Me percaté de que no era el único que los miraba desconcertado ¿Una oportunidad? ¿A Cristian?
En ese momento todo pasó tan rápdio, Violett corrió y se abalanzó sobre Cristian, que sin perder oportunidad se soltó de las cadenas y le arrancó el brazalete de la mano a Violett. Ésta chilló de dolor e incluso antes de que pudiéramos reaccionar, Violett pronunció unas palabras inentendibles con una fluidez una voz tan monótona que mi piel se erizó. En ese momento un resplandor cegador llenó la habitación, nublándonos la vista a todos, seguido de un grito desgarrador y un gruñido.
El resplandor terminó, pero ya no había señal de Cristian. Violett reposaba inerte en el piso, con el brazalete hecho polvo en las manos y una sonrisa de suficiencia en el rostro. Uno de los lobos se convirtió en hombre, y sin importarle nada mas que Violett, se inclinó ante ella y le besó la frente, pero Violett no reaccionó. Mi corazón se paró por un momento ¿Estaba muerta? Me acerqué lentamente, pero el muchacho gruñó, obligándome a retroceder. Miré la escena espectante. Violett seguía sin reaccionar. La duda seguía asaltándonos a todos ¿Estaría viva? Me sentí impotente al no poder ayudar. Tomé a Aneliz en brazos y besé su frente también, ella sonrió levemente. Acaricié su mejilla para luego voltear a ver a Violett y al joven ¿Cómo...

-Se llama Seth.- contestó Edward a mi pregunta.

-Claro, gracias.- susurré sin poder quitar la vista de ellos.

Pasaron minutos sin que ninguno de los presentes se moviera... la duda seguía ahí, me invadían un miedo y una impotencia enormes. No podía soportar la idea de que por mi culpa Violett estuviera muerta. Dejé a Aneliz en el piso con suavidad.

-¿Violett?- susurró Seth.

Nadie contestó. Violett ni si quiera se inmutó. Escuché el silencioso sollozo de Seth, seguido de un aullido aterrador. Los lobos lloraban con él, parecían apreciarla mucho, en especial Seth. Éste se volteó lentamente escrutándonos a cada uno con la mirada, hasta posarla en mí con una frialdad escalofriante. Lo miré con arrepentimiento, él bufó y me fulminó con la mirada.

-Será mejor que nos vayamos.- dijo Bella.

Todos asentimos, excepto Seth, que miraba nuevamente a Violett.

-¡Esto es su culpa!- gritó encolerizado.

-¿De qué hablas?- contesté a la defensiva.

-Si Aneliz no la hubiera traído, nada de esto hubiera pasado.- contestó con la voz entrecortada.

-Espera, en ese no estoy nada de acuerdo. Eso no tiene nada que ver...- dije molesto.

No tenía derecho de culpar a Aneliz. El único culpable aquí era yo.

-Lamento haber creído en Cristian. Lamento haber puesto en peligro a todos... no tenían por qué... pero te lo ruego Seth. No culpes a Aneliz.- le supliqué intentando suavizar la situación.

-¡Mugre!- gritó.

Eso me sacó de mis casillas. Perdí los estribos al instante ¿Cómo se atrevía a llamar a Aneliz de esa forma? Me dispuse a atacar, pero Jasper y Edward me tomaron por los brazos. Forcejé.

-¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Es tu amiga! ¡¿Recuerdas?!- le grité.

-¡Pues ya no más! ¡Es culpa de ella que todo haya pasado!- contestó volviéndose hacia mí con brusquedad.

Emmett lo tomó de los brazos.

-¡SUÉLTEME!- grité encolerizado.

Quería destruirlo, hacerlo pedacitos. Convertirlo en nada... como fuera.

-¡Dayas! ¡Él no sabe lo que dice! ¡Ni si quiera tú sabes lo que piensas!- me tranquilizó Edward.

Lo fulminé con la mirada.

-¡Claro que sé! ¡Es más, son pura basura ustedes dos!- contestó Seth.

-¡Seth! Eso estuvo fuera de lugar...- dijo Carlisle.

-¡Lo tienen bien merecido!- contestó Seth.

-¡¿QUÉ?!- grité.- ¡PENSÉ QUE QUERÍAS A ANELIZ! ¡LA LLAMAS HERMANA!

-Eso era antes de que cometiera tal tontería.- contestó fríamente.

-Estás loco, más que loco. Edward tiene razón, no sabes lo que dices...

Ambos nos soltamos a gritar más fuerte. Cada palabra se enredeaba una con otra. Chocaban, colisionaban y se volvían en un estruendo imparable. Me sentía verdaderamente ofendido ¿Cómo se le ocurría culpar a Aneliz? Ella no tenía nada de culpa ¡YO ERA EL CULPABLE! ¿Qué tenía que hacer para que se dieran cuenta?

-¡CÁLLENSE YA!- gritó Bella.

Ambos paramos de golpe algo sobresaltados. Había sido fuerte.

-Antes de que quieran seguir con su pelea, debemos salir de aquí ¿Entendido?- ordenó Bella con seriedad.

Ambos asentimos con desgana. Nos fulminamos con la mirada un momento más para luego tomar a nuestras respectivas parejas en brazos e ignorarnos mutuamente.