Bueno, primero que nada. Ahora vuelve a contar Aneliz. La última vez que a ella le tocó narrar fue... humm... en Julio si no me equivoco. El capítulo se llama: Eso es quedarse corto.
Con tanto que ha hablado Dayas, seguramente habrán olvidado en dónde se quedó Aneliz.
Nada más quisiera volver a pedir una cosa ¿Podrían recomendar mi blog? jejejejeje Me estoy proponiendo llegar a los 15 seguidores. =D
Con tanto que ha hablado Dayas, seguramente habrán olvidado en dónde se quedó Aneliz.
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Dayas se levantó y abrió la puerta, dejando pasar a la familia Cullen. Todos me sonrieron con un afecto que en realidad no lo merecía.
-Aneliz, deja de culparte a ti misma.- me dijo Edward al leer mis pensamientos.
-No hay nada de qué preocuparse.- siguió Bella.
No pude evitar dibujar una pequeña sonrisa.
-Gracias, pero sí es mi culpa.
Me volví hacia Dayas que parecía estar más nervioso de lo normal. Lo miré confundida. Edward y Dayas intercambiaron una mirada significativa.
-No es tú culpa, Aneliz. Tú eres completamente inocente.- susurró Dayas.
Me sonrió, pero sin que la felicidad llegara a sus ojos. Negué con la cabeza.
-Claro que lo es.
-No creerás eso cuando sepas lo que pasó después.- continuó con la cabeza baja.
Lo tomé de la mano.
-¿De qué hablas?- pregunté incrédula.
Dayas respiró hondo y me encaró. Parecía avergonzado, arrepentido. Tomó mi otra mano con delicadeza.
-Aneliz, todo, absolutamente todo fue mi culpa.
Me dispuse a negarme, pero él reaccionó antes.
-Antes de contradecirme, por favor, escúchame. Me siento egoísta, con solo ver tu cara... Pero estoy seguro de que hice lo correcto.- empezó con seriedad.
Negué con la cabeza.
-¿De qué hablas?- volví a preguntar confundida.
-Aneliz, cuando te desmayaste fui por Violett, quería destruir a Cristian... Ayudar... entonces, cuando los encontré tuvimos la oportunidad de destruirlo, pero él... dijo que tú morirías. Que era el único que podía salvarte. Le creí...
Negué con la cabeza, aterrada.
-Me llevó a su despacho y sacó el antídoto. No se negó, ni se retuvo, pero sí hicimos un trato...
-¿Cuál?- pregunté intrigada y a la vez aterrada.
-Dijo que me daría el antídoto, a cambio de su brazalete, con el cual terminaría con la vida de todos. Fui un egoísta... pero la sola idea de perderte- su voz fue apagada.- no lo soportaría.
Lo miré con dulzura.
-Dayas...- susurré conmovida.
Acaricié su mejilla. Él sonrió, pero aún sin felicidad.
-Pero no hemos terminado allí.- dijo Emmett.
Me volví. Todos nos miraban con seriedad.
-Cristian parecía querer retractarse al ver el dolor de Dayas. Lo leí en su mente. Quisimos darle una oportunidad, pero Violett no quiso aceptarlo.- siguió Edward.
-Se abalanzó sobre Cristian y pronunció unas palabras en un idioma extraño, antiguo...- dijo Bella.
Todos tenían el terror dibujado en el rostro. Con sólo imaginármelo... estaba segura que mi rostro mostraba el mismo terror.
-Significaba: Que la magia negra y la blanca se junten en una sola para castigar a aquel que ha maltratado al prójimo con sus mentiras.
Que su poder desaparezca, que su alma deje su cuerpo, que su espíritu caiga en la más recóndita de las dimensiones.
Sin rastro, sin huella, que nadie lo busque. Sólo él, con su propio perdón, viendo sus errores, podrá salvarse y así volver con aquella que lo esperaba.- continuó Edward.
Los miré incrédula.
-Si no hubiera sido por Edward, que lee mentes.- dijo Jasper dándole unas cariños palmadas en la espalda.- Nunca hubiéramos sabido su significado. Al parecer ese idioma no existe en esta dimensión. Viene de una lejana. No sabemos cómo lo aprendió Violett, pero era un conjuro. Provocó que Cristian desapareciera, pero sus efectos no fueron favorecedores para ella, pues cayó desmayada.... o...
No tenía que mencionarlo para saber a lo que se refería. Aún así, yo tenía parte de la culpa, aunque Dayas se hubiera confesado, aunque Violett se hubiera abalanzado sobre Cristian por voluntad propia.
-No intentes buscar razones de culparte, Aneliz.- me regañó Edward.
-Pero...
-Nada de peros, señorita. Te voy a traer algo de desayunar.- dijo Esme con aquel cariño maternal que tanto me gustaba.
-Gracias- susurré.
Aún así, estaba preocupada. Quería y debía ver a Violett.
Edward negó con la cabeza.
-No estás en condiciones de levantarte. Mejor tranquilízate, no hay nada de qué preocuparse.- me consoló Edward.
-¡Claro que no hay nada de qué preocuparse!- dijo Emmett.- Este mosntruito a veces se equivoca.
Tomó a la delicada Alice y le revolvió el cabello.
-Eso espero- dijo Alice en voz baja.
Esme me volvió a abrazar y salió de la habitación, seguida de Alice y Jasper con la promesa de que volverían para platicar un rato. Emmett y Rosalie se dispusieron a salir.
-Bueno, nostros teníamos algo que hacer, pero no hay nada mejor que molestar al avatar.- dijo con una sonrisa jueguetona.
Reí.
-Nos veremos luego, muchas gracias por todo.- agradecí.
Rosalie asintió mostrando una mueca de disgusto. Me daba la sensación de que nunca le había caído bien.
-Aneliz, deja de culparte a ti misma.- me dijo Edward al leer mis pensamientos.
-No hay nada de qué preocuparse.- siguió Bella.
No pude evitar dibujar una pequeña sonrisa.
-Gracias, pero sí es mi culpa.
Me volví hacia Dayas que parecía estar más nervioso de lo normal. Lo miré confundida. Edward y Dayas intercambiaron una mirada significativa.
-No es tú culpa, Aneliz. Tú eres completamente inocente.- susurró Dayas.
Me sonrió, pero sin que la felicidad llegara a sus ojos. Negué con la cabeza.
-Claro que lo es.
-No creerás eso cuando sepas lo que pasó después.- continuó con la cabeza baja.
Lo tomé de la mano.
-¿De qué hablas?- pregunté incrédula.
Dayas respiró hondo y me encaró. Parecía avergonzado, arrepentido. Tomó mi otra mano con delicadeza.
-Aneliz, todo, absolutamente todo fue mi culpa.
Me dispuse a negarme, pero él reaccionó antes.
-Antes de contradecirme, por favor, escúchame. Me siento egoísta, con solo ver tu cara... Pero estoy seguro de que hice lo correcto.- empezó con seriedad.
Negué con la cabeza.
-¿De qué hablas?- volví a preguntar confundida.
-Aneliz, cuando te desmayaste fui por Violett, quería destruir a Cristian... Ayudar... entonces, cuando los encontré tuvimos la oportunidad de destruirlo, pero él... dijo que tú morirías. Que era el único que podía salvarte. Le creí...
Negué con la cabeza, aterrada.
-Me llevó a su despacho y sacó el antídoto. No se negó, ni se retuvo, pero sí hicimos un trato...
-¿Cuál?- pregunté intrigada y a la vez aterrada.
-Dijo que me daría el antídoto, a cambio de su brazalete, con el cual terminaría con la vida de todos. Fui un egoísta... pero la sola idea de perderte- su voz fue apagada.- no lo soportaría.
Lo miré con dulzura.
-Dayas...- susurré conmovida.
Acaricié su mejilla. Él sonrió, pero aún sin felicidad.
-Pero no hemos terminado allí.- dijo Emmett.
Me volví. Todos nos miraban con seriedad.
-Cristian parecía querer retractarse al ver el dolor de Dayas. Lo leí en su mente. Quisimos darle una oportunidad, pero Violett no quiso aceptarlo.- siguió Edward.
-Se abalanzó sobre Cristian y pronunció unas palabras en un idioma extraño, antiguo...- dijo Bella.
Todos tenían el terror dibujado en el rostro. Con sólo imaginármelo... estaba segura que mi rostro mostraba el mismo terror.
-Significaba: Que la magia negra y la blanca se junten en una sola para castigar a aquel que ha maltratado al prójimo con sus mentiras.
Que su poder desaparezca, que su alma deje su cuerpo, que su espíritu caiga en la más recóndita de las dimensiones.
Sin rastro, sin huella, que nadie lo busque. Sólo él, con su propio perdón, viendo sus errores, podrá salvarse y así volver con aquella que lo esperaba.- continuó Edward.
Los miré incrédula.
-Si no hubiera sido por Edward, que lee mentes.- dijo Jasper dándole unas cariños palmadas en la espalda.- Nunca hubiéramos sabido su significado. Al parecer ese idioma no existe en esta dimensión. Viene de una lejana. No sabemos cómo lo aprendió Violett, pero era un conjuro. Provocó que Cristian desapareciera, pero sus efectos no fueron favorecedores para ella, pues cayó desmayada.... o...
No tenía que mencionarlo para saber a lo que se refería. Aún así, yo tenía parte de la culpa, aunque Dayas se hubiera confesado, aunque Violett se hubiera abalanzado sobre Cristian por voluntad propia.
-No intentes buscar razones de culparte, Aneliz.- me regañó Edward.
-Pero...
-Nada de peros, señorita. Te voy a traer algo de desayunar.- dijo Esme con aquel cariño maternal que tanto me gustaba.
-Gracias- susurré.
Aún así, estaba preocupada. Quería y debía ver a Violett.
Edward negó con la cabeza.
-No estás en condiciones de levantarte. Mejor tranquilízate, no hay nada de qué preocuparse.- me consoló Edward.
-¡Claro que no hay nada de qué preocuparse!- dijo Emmett.- Este mosntruito a veces se equivoca.
Tomó a la delicada Alice y le revolvió el cabello.
-Eso espero- dijo Alice en voz baja.
Esme me volvió a abrazar y salió de la habitación, seguida de Alice y Jasper con la promesa de que volverían para platicar un rato. Emmett y Rosalie se dispusieron a salir.
-Bueno, nostros teníamos algo que hacer, pero no hay nada mejor que molestar al avatar.- dijo con una sonrisa jueguetona.
Reí.
-Nos veremos luego, muchas gracias por todo.- agradecí.
Rosalie asintió mostrando una mueca de disgusto. Me daba la sensación de que nunca le había caído bien.



